El día que Carles Puyol DESTRUYÓ a Alemania
Te voy a contar una historia Cuando te hablen de compromiso. Enséñales
esta foto. Cuando te hablen de fiereza. Muéstrales su imagen. Cuando te hablen
de fútbol. Cuéntales su historia. La del León cuyo rugido detuvo el corazón
de Alemania y llamó a los héroes de España a alcanzar la gloria. La del
caballero que siempre eligió la redonda, nunca la polémica.
La del capitán que
alzó seis copas al cielo en un solo año. El guerrero que ponía la cara donde a
cualquier le daría miedo poner el pie, inagotable, inexpugnable e inmortal. Uno
de los mejores defensas de la historia del fútbol que dio su carrera por su
corazón, el F.C. Barcelona. Ponte cómodo, que vas a conocer a la última
leyenda del fútbol: Don Carles Puyol. Puyol nació en Lleida, en España, en 1978. Su
carrera en el fútbol empezó en el equipo de su pueblo natal, La Pobla de Segur.
El Barsa
vio cosas en ese chaval con melena de León que se dejaba la sangre en el campo y se lo
llevó a casa. Entró en La Masía en la 95-96, con 17 años, mucho más tarde de lo que cabría
imaginar por su forma de abanderar el estilo del Barsa. Pero esta no la vas a ver venir:
debutó en las categorías inferiores como extremo derecho. Como un Neymar o un Lamine Yamal. Con
el tiempo fue retrasando su posición hasta jugar su primer partido oficial en la 99-2000
con Louis Van Gaal… como lateral derecho. [El tiburón es de esos tipos que
puedes poner de portero si hace falta, que se va a dejar los huevos.
Y su
padre le había enseñado a no rendirse jamás.](https://tribuna.com/es/news/fcbarcelona-2020-10-17-si-vuelves-a-casa-porque-no-lo-diste-todo-busca-otro-hogar-el-brillante-consejo-que-recib/) Tanto fue así, que en su primera temporada jugó
37 partidos y un año después ya estaba ganando su primer premio: el de Jugador Revelación
de La Liga. Empezó a ser un asiduo de la selección también, con Camacho haciéndolo debutar
prácticamente a la par que el Barsa en el 2000. Puyol estaba hecho de otra pasta. Era el primero
en llegar, el primero en correr, el primero en levantarse. [En 2002, en la fase de grupos de la
Champions, tuvo una jugada que se convirtió en la definición de su leyenda.
Valdés falló en una
salida del área y el rival se quedó solo delante de la portería vacía… pero un León corría a su
encuentro. Se plantó delante de la portería y, evitando usar las manos, se lanzó con el pecho a
parar el balón en una jugada que pone los pelos de punta.](https://tribuna.com/es/news/fcbarcelona-2021-03-06-el-dia-que-carles-puyol-cubrio-a-su-portero-para-salvar-un-gol-con-el-pecho/) Su capacidad de sacrificio y su inteligencia
posicional defensiva lo llevaron a ser un fijo en el once titular durante los años
de sequía del Barsa hasta la 2004-2005, cuando empezó a lucir el 5 en la camiseta.
Su liderazgo lo convirtió en la columna vertebral del club, y fue elegido por
sus compañeros como el nuevo capitán del F.C.
Barcelona. Había heredado el tesón
de su padre y la nobleza de su madre. Aquella plantilla fue una de las míticas del
Barsa: con los jovencísimos Xavi e Iniesta, la magia de Ronaldinho y Deco, la potencia
de Eto’o y con el despertar de Leo Messi con 16 años. Y llegó la primera Liga de Puyol
con Frank Rijkaard sentando las bases del equipo que abriría las puertas de la mayor
etapa de éxitos para Can Barsa.
Lo que no se imaginaría Puyol es cuántas veces iba a
alzar sus éxitos al cielo teñido de blaugrana. La siguiente temporada fue
la consagración de Puyol, de las ideas del club y de la magia
de la Masía. El Carles niño vivió como protagonista cómo su club llegaba a la final
de la Champions League eliminando a Chelsea, Benfica y Milan, hasta llegar a la final contra
el Arsenal del todopoderoso Thierry Henry. Ambos equipos llegaban invictos. Ambos eran equipos de
juego ofensivo. Iba a ser el último partido de Robert Pirés y del mítico Dennis Bergkamp, que
se retiraba en el Arsenal. Y por allí también corría la que después sería también
pieza clave del Barsa: Cesc Fábregas.
Los blaugranas comenzaron perdiendo el partido
tras un cabezazo de Campbell a centro de Henry, en una falta que había cometido nuestro
querido Puyol. Rijkaard sacó a Belletti por Oleguer para ganar poder ofensivo en la
segunda mitad, pero el protagonista fue otro de esos jugadores tapados de culto: Henrik
Larsson, que soltó dos pases de gol en el 76 y el 80 para que Eto’o y Belletti tumbaran al
Arsenal. El niño culé del corazón de Carles Puyol recogió la orejona y los cielos
se abrieron para recibir la que, a día de hoy, sigue siendo la noche de clubes más
especial para él. También fue la última en la que pudo compartir latidos de pasión con su padre,
una de las figuras más determinantes de su vida. En noviembre de 2006, unos meses
después, perdió a su padre en un accidente laboral. El mismo que había dibujado
su personalidad. Carles contó años más tarde, en su biografía “Mi partido”, como aquel
golpe fue un cañonazo en su moral. Pero el tiburón nunca bajaría los brazos.
Como su padre, Josep, le había enseñado.
Fue nombrado mejor defensa de la Champions, pero
la siguiente temporada cerró con pocas sonrisas para el Barsa que se fue de vacío, a pesar de que
Puyol, Messi y Ronaldinho fueron seleccionados en el once ideal de la Federación Internacional
de Fútbol. Imagina el nivel de sacrificio en el campo de Puyol que batió el récord histórico
de La Liga de balones robados en un sólo partido, con 22. Pero el Barsa seguía sin
levantar el vuelo y empezaron a sonar los tambores de guerra. Rijkaard fue
destituido y Laporta abrió las puertas del banquillo a un tal Pep Guardiola. Empieza a
frotarte las manos, que se viene lo bueno. El verano de 2008 comenzó de la mejor
forma posible para Carles Puyol: haciendo historia con la Selección Española
dirigida por Luis Aragonés. El Sabio de Hortaleza armó un equipo que encajaba como
un guante en el espíritu del propio Puyol: coraje, lucha y corazón. Les enseñó a ser
los más listos, a creerse los mejores, aunque no lo fueran.
Pero lo fueron. España se
quitó rivales fase tras fase y comenzó la etapa más gloriosa del fútbol español después de que El
Niño Torres tumbase a Alemania en la final. España era campeona de Europa, y Carles Puyol era una
pieza clave del engranaje que la hizo funcionar. Pep Guardiola recogió el ímpetu y la euforia
del éxito de la Selección con Xavi, Iniesta y Puyol como ejes fundamentales de un juego que
tendría al genio de Leo Messi como Reina del baile.

Con una idea férrea en el fútbol de toque
y posesión fraguado con Johann Cruyff en la Masía, Guardiola reconvirtió el club en una máquina
imparable de éxitos y belleza haciendo danzar a la redonda. Con Carles Puyol como eterno
capitán, el Barsa ganó La Liga, la Copa del Rey y la Champions League en una noche histórica
ante los dioses romanos que vieron cómo nuestro león alzaba al cielo la Orejona para firmar el
primer triplete de la historia de un club español. Batieron récords de goles, de partidos ganados,
e incluso volvieron a llenar las jarras con la consecución del “sextete” al ganar en la 2009-2010
la Supercopa de España, el Mundial de Clubes y la Supercopa de Europa.
Con siete canteranos en
el once titular de la final de la Champions, el Barsa de Guardiola con Puyol luciendo el brazalete
de capitán, marcó una era histórica en el fútbol. Como aquel histórico 2-6 que marcó el
Barcelona al Real Madrid en el Bernabéu, con la ya icónica celebración de Puyol
besando el brazalete del Barcelona. El tiburón lanzó su ofrenda a los
cielos seis veces para recordarnos la magnitud de su leyenda.
Y todavía le
quedaba un último mordisco histórico. En la siguiente temporada, el Barsa se
quedó fuera de la Champions en semifinales, donde se encontró con la potencia
indomable del Inter de Mourinho con Eto’o, Milito y Sneijder. En La Liga, el club siguió
haciendo gala de su metódica continuidad, asentando un dominio absoluto de la pelota
que los llevaría a conquistarla por segunda vez consecutiva hasta llevar la décima a sus
vitrinas y batiendo el récord histórico de puntos con 99. La guinda del pastel llegó en
el verano. El verano de Sudáfrica. Aquel año ahora mágico de 2010 que marcó un antes y
un después definitivo en la historia del fútbol y del deporte en España.
Si todavía no
tienes los pelos de punta, calienta que sales. La España de Vicente del Bosque, que recogió de
forma impecable el testigo y el trabajo del eterno Luis Aragonés, se enfundó el traje de batalla
para conquistar el mayor torneo del mundo entre trompetas de guerra. Carles Puyol era uno de sus
principales emblemas. Todavía recuerdo a mi madre, jaleando con ilusión la melena del león catalán
que llegaba para ser el Rey de una nueva sabana.
El primer partido empezó de la peor forma
posible: caímos por 0-1 ante Suiza y empezamos a temernos lo peor. No podíamos estar más
equivocados. Después llegó el 2 a 0 a Honduras, con dos disparos al corazón del Guaje Villa,
y el 1 a 2 que nos colocó primeros de grupo frente a Chile. La Portugal de Cristiano
Ronaldo nos esperaba en Octavos de Final, pero el calor africano comenzó a hervir tan
rojo como nuestros corazones. Villa tumbó a los lusos con un gol en el 62, y volvió
a hacerlo contra Paraguay en Cuartos de Final para demostrarnos el poder de la sangre
minera.
Este tío, el pulpo Paul, se convirtió en nuestro mejor amigo. El pulpo más famoso de
la historia pronosticaba, partido tras partido, la victoria de España. Lo hizo con Portugal
y Paraguay. Ahora tocaban los pesos pesados. Llegamos a las semifinales. La
todopoderosa Alemania de Schweinsteiger, Müller y Ozil venía de meter 13 goles con un
despliegue salvajemente peligroso. Lo que no sabían era que el león ya había
dictado sentencia de su reinado. El pitido inicial dio la señal de
salida. La posesión era para España, las contras para los alemanes. A los
nuestros les costaba encontrar los espacios, meter más velocidad al movimiento del balón.
A los suyos, el coraje de anteriores partidos, más pendientes de destruir nuestro juego que
de potenciar el suyo. Pero la segunda parte cambió radicalmente el sentido del partido,
con una España que se abrió más en el campo y un Pedrito que empezó a apuñalar entre las
líneas alemanas.
Ellos también apretaron el acelerador y cada galopada alemana se
convirtió en una amenaza seria para la portería de Iker Casillas. Llegó el córner en
el minuto 72. Y Carles Puyol tenía un plan. En el descanso, Puyol se acercó a gritos
a Xavi. “Pónmela en el centro del área, pónmela en el centro y es gol”. El león había
olido la sangre. Sabía dónde tenía que correr, abalanzarse y morder. Xavi puso el balón
exactamente en el punto de penalti con la precisión de un relojero. Y el tiempo se
detuvo. La melena ondeando al viento. El salto de un titán. Un animal salvaje que entró con la
fuerza de los millones de aficionados a los que nos detuvo el corazón. Y el león rugió al cielo
de Sudáfrica, haciendo tambalear los cimientos del fútbol.
GOL. Entonces lo supe. Seríamos campeones.
Puyol representó todos los sentimientos que años de fracasos internacionales nos habían hecho
aflorar. Su cabezazo, su determinación, su euforia. Puyol arrancó toda esperanza de Alemania
y catapultó a España a la gran final del Mundial de 2010 en la que Casillas e Iniesta pusieron la
guinda para marcar la estrella en la camiseta. Puyol era la representación más pura de una plantilla de lujo, icónica e irrepetible
de gladiadores. Y su cabezazo contra Alemania, una obra de arte de la historia del
fútbol que recordaremos toda la vida. La resaca del Mundial fue extremadamente
dulce para el regreso de Puyol a las filas del F.C. Barcelona. En la 2010-2011, el equipo
de Guardiola siguió batiendo récords en LaLiga, que volvió a levantar Puyol
por tercer año consecutivo, además de su tercera Champions League particular
al derrotar por 3 a 1 al Manchester United de Sir Alex Ferguson en el mítico Wembley. ¿Qué hizo
el capitán del Barsa? Dejar que Eric Abidal, que tenía un tumor en el hígado, levantase
el trofeo.
Porque Puyol es de esa raza de jugadores icónicos, elegantes y únicos
que parecen en peligro de extinción. Las lesiones comenzaron a mermar su físico, y el
portento inagotable comenzó a llegar a su fin. El destino fue caprichoso y le arrebataron la
Eurocopa de 2012, que tuvo que ver desde casa por la definitiva lesión de su rodilla derecha
que pondría fin a su carrera en 2014. Después de casi 20 años, 15 temporadas en el primer
equipo y 21 títulos, Carles Puyol se despidió del club de su vida con la misma clase con la
que el león da paso a un nuevo rey.
Al otro lado de la llanura, el central azulgrana, el
león de España, el ya mítico Tarzán; Maldini, Baressi y Beckenbauer lo esperan en el altar a
los mayores defensas centrales de la historia. Un jugador que dignificó el fútbol como
pocos. Una leyenda que perseguirá a cada defensa central que el destino
tenga a bien presentarnos. Hoy, alzamos nuestras jarras por una de las
últimas leyendas del fútbol: Don Carles Puyol..